mirá como nos ponemos

MIRÁ COMO NOS PONEMOS

Desde la conferencia de prensa de actrices argentinas y el tremendo, crudo y muy sentido testimonio de Thelma, siento un nudo… No podría decir si es en el estómago, o en la garganta, sólo siento un nudo en el cuerpo, un nudo que me atraviesa, un nudo que (evidentemente) está hace mucho ahí y que siento que se empieza a aflojar, lentamente, con todos y cada uno de los testimonios que leo y escucho… Un nudo que no es solamente mío, un nudo que es de todas (me atrevería a decir que también de muchos varones), un nudo que, más que un nudo, es un ovillo gigante que compartimos como género. Y me pregunto, ¿de qué está compuesto ese ovillo? Está compuesto de cada vez que me gritaron «puta», de cada vez que no me miraron a la cara sino al escote, de cada vez que corrí a mi casa para llegar rápido, agitada y con un poco de miedo cuando me bajaba del colectivo después de alguna hora determinada, de cada vez que me crucé de vereda porque había un grupito de pibes, que como ya sabemos, si están juntos «la bardean»… Perdón, estoy diciendo «me»? Quiero decir «nos»… Sigo con el ovillo: está compuesto de cada vez que te apoyaron el pito (elijo no decir miembro, las cosas por su nombre) en el transporte público, no solamente con todo el cuerpo, sino en el brazo, mientras íbamos sentadas, de cada vez que nos tocaron el culo en un boliche, en un bar, en la calle, en el mismo transporte público, de cada vez que no contestamos una grosería y también de cada vez que contestamos y por eso fuimos insultadas o humilladas: «histérica», «puta», «trola», «para qué te vestís así entonces?», y, repito, si hay más de uno… Mejor no reproducir lo que dicen ni describir el miedo que te agarra… Por cada vez que un compañero de colegio masticaba papas fritas y se las escupía en el buzo a mi mejor amiga de la primaria y, saben qué?, a ella él le gustaba muchísimo y por eso se lo bancaba y él por eso lo hacía, por cada vez que un tipo se nos paró muy cerca y podías sentir su aliento mientras esperabas para bajar del colectivo, por cada vez que caminamos un poco más de la puerta de casa porque nos daba miedo entrar por el que venía caminando, por cada vez que agachamos la cabeza y seguimos caminando rapidito, por cada vez que no contestamos por miedo, por cada vez que el jefe nos preguntó si teníamos intenciones de ser madres pronto, por cada vez que nos lo preguntaron en una entrevista, porque si la respuesta era positiva era algo-excluyente-para-el-puesto, por cada vez que fuimos víctimas del micro machismo, muchas veces propinado por nuestro propio género y nosotras mismas, por cada vez que dudamos qué ponernos, porque no sabías si era apropiado para la gente que iba a ir, por haber decidido no usar más escotes, faldas cortas, ropa ajustada, por miedo… Se me ocurren muchas cosas más y seguro que vos tenés mil más, porque todas tenemos miles de estas, pero creo que queda claro el punto…
 

Antes de seguir con esto, quiero aclarar que no soy escritora, no soy periodista, no tengo formación, pero sí soy MUJER, pero sí siento orgullo de serlo y, generalmente, escribo para vaciarme, la cabeza, el alma, los pensamientos, esta «nota» es un acto meramente egoísta, una necesidad, no me entra más en el cuerpo, lo loco de todo esto es que no me entra más dolor de todo lo que destapó el testimonio de Thelma, pero, por otro lado completamente contradictorio, no puedo más de orgullo, de sororidad (cuanto me molesta que el corrector ortográfico no tenga esta palabra en su base de datos), de amor, de mucho amor multiplicado entre todas nosotras.

Lo que pasó el lunes fue un hecho histórico, una mujer que estaba juntando sus pedazos fue acompañada por un montón de otras mujeres que completaron un poco esas partes rotas, fue abrazada, apoyada, empoderada (otra palabra que me marca el corrector) por muchas otras que estaban ahí y por muchas otras más que ni siquiera la conocemos. Y con ella como «bandera» muchas se animaron a contar SU propia historia en las redes, en sus casa, con sus familias, parejas, amigos… Muchas se animaron a romper el silencio, a compartirlo y a, lo más importante, NUNCA MÁS SENTIRSE SOLAS… Escribo y lloro, todo al mismo tiempo, porque sigo sin poder entender por qué se condena a la víctima, a la mujer abusada, violada, golpeada… Por qué se pone en tela de juicio lo que ella cuenta, por qué se la vuelve a victimizar cada vez que la hacen remover todo, por qué tiene que sentir ella vergüenza, por qué tiene que sentir miedo de hablar y por qué, encima de todo su dolor, tiene que sentir esa profunda soledad…

Muchos hablan de la super-producción que se utilizó para llevar a cabo el testimonio, que si iban maquilladas, que si estaba preparado todo, que si son resentidas, se las intentó (y todavía hoy leo algunos comentarios) insultar diciéndoles «aborteras»… Te cuento una cosa? Lo mismo pasó con las sufragistas el siglo pasado (hay una nota, en este mismo blog dónde te cuento un poquito de las feministas), lo mismo y peor también. La diferencia es que ahora todo es más visible y cada vez somos más las que no tenemos miedo de decir lo que pensamos, de pensar y sentir diferente, de pensar y sentir al varón como un igual, de expresarnos libremente en todos los aspectos de nuestra vida, de bancar a la de al lado, aunque eso tenga consecuencias, de mostrarnos tal cual somos, de dejar a nuestros hijes decidir si quieren jugar con cosas que, supuestamente, corresponden al género contrario y bancarnos la voz de «las mamis» señalándonos porque incentivamos a ser a nuestra hija-muy-machona o a nuestro hijo-muy-gay… Porque somos muchas las que entendimos de lo que va el feminismo, va de que el varón no sienta la presión de ser el-jefe-de-familia, que sepa que puede llorar y no va a ser un «marica» por eso, que pueda tener licencia por paternidad, que si hace las cosas de la casa porque es un equipo con su pareja no significa que la-jermu-lo-tiene-cortito… De eso se trata, de igualar, de dar lugar… Pero también se trata de que el varón, por el simple hecho de pertenecer a ese género no se sienta con la libertad de desnudar con la mirada a una mujer, incomodarla, insultarla, humillarla, golpearla, violarla, abusarla de cualquier manera, que no sienta que en nombre de la «protección» puede aislarla y que nada de lo que haga va a tener un costo y también se trata de que la mujer entienda que si esto le pasa, no es su culpa, no tiene por qué sentirse avergonzada y que si habla, lo comparte, lo denuncia, nunca más va a estar sola.

 

Hablo por mí y por muchas de las que leo, lo que pasó el lunes destapó una olla que ya no se va a volver a tapar, creo que fue lo más gráfico que ví: una mujer, abrazada, protegida, impulsada y empoderada por muchas otras mujeres. 

En la nota que te comenté más arriba escribía: «Cuando entendamos que cada mujer ES LIBRE DE ELEGIR LO QUE QUIERE PARA SU VIDA Y NO TIENE QUE DARLE EXPLICACIONES A NADIE, incluidas el resto de las mujeres, ese día las marchas van a cobrar un mayor sentido, porque vamos a ser una sola caminando por una misma lucha, la de sentirnos libres… Ese día, vamos a fortalecernos como género, reconociéndonos mujeres en todas las facetas, madres, no madres, putas, laburantes, amas de casa, ese día el #VivasNosQueremos y el #NiUnaMenos van a sonar más fuerte que nunca! Y va a ser tan ensordecedor, que no va a quedar lugar a dudas, ese día… Unidas como una sola, lo vamos a lograr!» Hoy creo que es posible.

Esto es un camino de ida.

Esto recién empieza.

Gracias! ♥

#mirácomonosponemos #juntassomosmás #vivasnosqueremos #niunamenos #noesno #sevaacaer #yositecreo

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