La Memoria

Qué día es hoy? Me hice esa pregunta todo el santo día. Es el primer día de muchos que me levanto temprano y, paradójicamente, es el día que menos productivo me resultó. No logré concentrarme, todo me salió de regular para abajo y tuve un enorme ataque de angustia, de esos de llorar con todo el cuerpo y que te hacen ahogar un poco. Desde que pude empezar la cuarentena (el jueves pasado) estoy sola con mi gato, novio quedó en su casa con nuestro perro. Los extraño como nunca, más que siempre y eso que estamos acostumbrados a estar mucho tiempo sin vernos porque a veces nos toca estar separados por su trabajo. Pero esta vez es diferente, no sé cuando nos vamos a volver a ver. Lo digo, lo escribo y se me hace un nudo en la garganta y me da una sensación no muy agradable en el estómago. 

Si hay algo que no me pesa, es estar en mi casa. Pero me pesa no poder ver y abrazar a los que quiero. Amo estar en mi casa, es lo que elegí hace 13 años cuando decidí ser independiente. Trabajar a mi modo, con mis horarios, mis tiempos y respetando muchos de mis procesos. Desde que empecé a trabajar en relación de dependencia hace unos meses, lo extraño, con todo el cuerpo. Mi heladera está llena, la alacena no entiende qué le pasa de tantas cosas que tiene, mi casa nunca estuvo más limpia, me animaría a decir que por momentos casi huele a una pileta de natación, estoy bien, estoy descansando lo que no descansé en los últimos 6 o 7 meses,  elijo mi casa, tengo un techo que me gusta, tengo a mi compañero Timo que, como si entendiera exactamente lo que está pasando, está más mimoso que nunca y casi no se me despega. Sigo con mis rituales de meditar y agradecer cada mañana y, a diferencia de lo que pensé, mi ansiedad bajó significativamente, me siento más en paz que nunca, pero extraño y lloro un poquito todos los días. 

El 24 de marzo en Argentina conmemoramos el día de la memoria, irónicamente no recuerdo que día de la semana fue. Antes que nada, quiero dejar en claro que no estoy comparando situaciones con riesgo de vida en el acto a la posibilidad remota (o no) de que algo nos pase, pero me es inevitable pensar en la analogía. Durante la dictadura más cruel que tuvo que atravesar este país, dónde desaparecían personas a cada minuto, personas que eran arrancadas de sus familias y a las que no volvían a ver más, personas torturadas de las maneras más espantosas que un ser humano en su sano juicio no podría llegar a imaginar, personas que nunca podían despedirse de sus seres queridos, mujeres que apenas veían nacer a sus hijos les eran arrebatados y asesinadas después, no sin antes hacerlas sufrir, madres y familiares que nunca más vieron a esas personas. Todos ellos tenían que esconderse, con un enemigo claro y semi visible, tenían que hacer silencio, quedarse en casa, no salir, no hablar, no comprometer a los que querían, irse del país, «desaparecer» para el enemigo, no estar. Por cuánto tiempo? Nadie lo sabía, ni ellos ni quienes los ayudaban. Había que «guardarse» hasta que la tormenta pasara. Sin internet, sin la comodidad de su casa, sin sus mascotas, sin sus familias, sin sus amores, sin poder comunicarse, sin que sus allegados supieran dónde estaban, porque eso suponía un peligro para todos… 

Ahora bien, qué tiene que ver todo esto con lo que decía al principio? Tiene que ver con que a nosotros nos piden que nos QUEDEMOS EN CASA, dos semanas, EN CASA, con todo lo que eso significa: con tus cosas, con tus animales amigos, con tu cama y un colchón, tal vez con tu familia, con la posibilidad de salir a buscar lo que necesitás, nos ponen como «obligación» quedarnos en casa y lavarnos las manos, nos aconsejan para que estemos sanos… Y sin embargo, nos cuesta hacerlo. Muchos (muchos más que los que no) lo hacemos, otros buscan excusas, otros directamente se resisten, a otros no les queda otra, porque son todos los que se están ocupando de que la sociedad siga funcionando: médicos y todo el personal hospitalario, personal de farmacias, expendedores de alimentos y quienes los transportan, deliveries (que después podemos discutir la situación precaria laboral que tienen muchos de ellos), fuerza pública y seguridad, bomberos, recolectores de basura… Todos ellos hacen que tengamos una «cuarentena» (porque en realidad es una «catorcena») mejor y más organizada. Me pregunto por qué nos cuesta tanto… Por mi parte estoy en casa, salí dos veces a comprar cosas y ahora ya me quedo acá, porque el stress que supone para mí salir es terrible: entro como desesperada, sacándome todo, metiéndolo en una bolsa, con el balde con agua y lavandina listos para pasar por el piso, lista para ducharme ni bien entro… No sin antes lavar cada paquete y meter toda la ropa y la bolsa de las compras en el lavarropas… Seguro estoy haciendo cosas de más, pero prefiero quedarme tranquila que hice mi parte.

La luz al final de la cuarentena

El mejor lado de todo esto es que estoy durmiendo bien, estoy comiendo muchísimo mejor que cualquier día de los últimos meses, reafirmo mi pensamiento de que me puedo arreglar con lo que tengo, que no necesito más, mi casa está más limpia que nunca (me repito a mi misma) aunque nunca pueda controlar bien el temita del desorden, de hecho creo que tengo un don, ordeno y a las pocas horas es un caos again! Estoy poniéndome al día con muchas cosas y tengo mucha paz.
Siempre ninguneamos al país, decimos sarcásticamente que somos-el-mejor-país-del-mundo y muchas cosas más, pero se tomaron las medidas a tiempo y hoy hubo menos casos que ayer, que fue un pico y ya tenemos 71 personas recuperadas… Elijo quedarme con eso ♥
Y vos? Vos cómo estás? Estás cumpliendo con la cuarentena o te toca trabajar? Te sacaste el pijama? Te calzaste? Ya lloraste hoy? Espero, de todo ♥ que estés bien, que te cuides, que me cuides y que pronto, todos, nos volvamos a confundir en un abrazo, sabiendo que ayudamos a que todos estemos mejor!

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