Ahora que SÍ nos ven

Mi nombre es Ana Paula Seara, tengo 35 años, nací mujer y me percibo como tal. Soy una mujer afortunada, porque lo más grave que me pasó en la calle es que me dijeran algo tan desagradable que se me revuelva el estómago; soy afortunada porque tengo al lado a un compañero que no ve diferencia entre nosotros dos, más que las biológicas, un compañero que, aunque no se perciba como tal, es feminista, porque quiere que ambos tengamos los mismos derechos; soy afortunada porque nací en un matriarcado, somos muchas y todas fuertes, todas trabajamos, muchas tienen hijos y los crían con libertad y amor. Soy afortunada porque más que una «mano en el culo» en un boliche o una «apoyada genital» en el brazo mientras voy sentada en el colectivo o «una mano de más» o un «beso robado» no me pasó… La pregunta es, soy una MUJER AFORTUNADA? En el contexto social en el que estamos, la respuesta es Sí! Tristemente es sí.

Hablemos de datos: en Argentina, en 2019 fue asesinada una mujer cada 27 horas a manos de un hombre… Los detalles son todos dolorosos, algunas fueron violadas, otras golpeadas brutalmente hasta dejar de respirar, otras quemadas, mutiladas y la lista del horror sigue. En lo que va de 2020 hubo más femicidios que días en el año, este año, hasta el momento, es ASESINADA UNA MUJER CADA 23 HORAS. Es sólo un dato. Detrás de este dato hay familias completas que lloran a una mujer, hay hijes, hay parejas, hay madres, padres, amigues… Todos lloran, todos se lamentan y todo sigue igual. 

8 de marzo

Hablemos un poco de historia… Hoy, 8 de marzo, no es una celebración (aunque más adelante vaya a contradecirme), es una conmemoración de las más de 100 mujeres que murieron quemadas en una fábrica en New York en 1911… Ese hecho desató la profunda necesidad de luchar por los derechos de las trabajadoras. 

Hoy, gracias a todas las que lucharon desde hace más de cien años, nosotras gozamos de muchos derechos adquiridos, pero todavía nos faltan.

El futuro es feminista

Hace un tiempo que las mujeres alzamos la voz, que nos hacemos escuchar, hace algunos años nació el movimiento #niunamenos y bajo ese hashtag nos expresamos y decimos BASTA! Hoy fui a la marcha, me reconozco bebecita en este sentido, porque no me animé a ser parte hasta hace un año atrás en la anterior marcha por el día de la mujer, había algo que no me lo permitía y sabés qué era? MIEDO. El miedo paraliza, el miedo nos deja en el mismo lugar, el miedo no nos permite hablar, no nos permite reconocer cómo «salir de ahí»… Muchas campañas se ven, mucha información circula por todos los medios, pero en la medida en que la SORORIDAD sea completamente real y sea la única opción, vamos a seguir siendo arrancadas de nuestros hogares y familias, vamos a seguir cobrando menos que los hombres en los mismo puestos, vamos a seguir teniendo que elegir entre la maternidad y nuestras carreras, vamos a tener que seguir permitiendo que los hombres aborten con el abandono y vamos a tener que seguir siendo juzgadas si tomamos decisiones por nuestros cuerpos y estilos de vida, vamos a tener que seguir muriendo en abortos clandestinos, vamos a seguir pensando que fue nuestra culpa y que tal vez hubo que ser más clara al decir NO! 
Hoy volví a la marcha, con Juli, mi amiga del alma, hoy no me sentí sola y acompañé a muchas para que no se sientan solas, hoy fuí parte de una marea de colores llena de mujeres de todas las edades, hoy ví como un hombre llevaba a su compañera del hombro, «guiándola» por dónde tenía que cruzar la calle y llevándose puestas a varias chicas que estaban marchando, porque sí, incluso en ese contexto pasan esas cosas, hoy vi dos mujeres de más de 60 filmando mientras pasábamos adelante de ellas, no marchaban con nosotras, pero estaban ahí. Hoy asistí a una celebración (he aquí mi contradicción) de mujeres, por mujeres y para mujeres, la celebración de los derechos adquiridos y de todos los que vendrán, la celebración de las más jóvenes que hacen que me emocione profundamente su fuerza, su convicción y su lucha. Hoy ví una inmensa cantidad de carteles recordando a las que ya no están, a las que se fueron antes de tiempo por cruzarse con quiénes no debían, de las que se dijo que tenían la falda muy corta, que no tenían que estar ahí a esa hora, de las que se preguntaron que hacían solas… Hoy vi a madres con sus hijes, con sus bebés y a algunas con sus compañeros. Hoy me emocioné con las guardavidas marplatenses, que están en un ámbito que es bien mayoritario de hombres y se la bancan y luchan por sus lugares.
Hoy más que nunca pienso que juntas podemos, que juntas logramos mucho, hoy más que nunca no me atrevo a juzgar a otras, hoy más que nunca quiero no criticar a ninguna mujer por su exterior, por lo que lleva puesto, por lo que elije, hoy más que nunca quiero que esto siga creciendo, por mi madre, por mis primas, mi hermana, sobrinas, mis amigas y sus hijas, mis tías y por todas las que vendrán, por las que fueron y por las que ya no tienen voz, las que no volvieron a sus casas, para que nunca más, ninguna de nosotras tenga miedo de salir a la calle, para que nunca más (como me sucedió hoy en el colectivo a volver a casa) escuche a una mujer llamando por teléfono y avisándole a su mamá que ya está en camino, para que nunca más nos crucemos de vereda por ver uno o más hombres, para que nunca más ninguna de nosotras tenga qué pensar que ponerse o en qué volver a casa para llegar.

Mi nombre es Ana Paula Seara, tengo 35 años y soy una mujer afortunada porque hoy, una vez más, volví a casa, sana y salva. 

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